viernes 21 de mayo de 2010

Para que no nos llamen falsos profetas


Los audífonos apretando sutilmente las orejas de un joven que sube a la ruta 111, esquiva cuerpos con los brazos estirados como chimpancé que avanza entre ramas mohosas hasta llegar al fondo del autobús, donde nadie lo espera, la canción se repite y cambia de track, una porquería por otra. Mueve la cabeza al ritmo de las llantas contra los baches de Managua, se contonea por la curva de la rotonda que lo precipita a las axilas perfumadas de una estudiante de secundaria. 360 grados de escena dadaísta. Cinco universitarios bailan el cevichito con los dientes pelados, uno de ellos pasa la botella de ron plata con una mano mientras el otro le pide tiempo para guardar una pañoleta vomitada en la mochila.

Al llegar a casa la televisión desmomifica un video de pandora y desde la cocina llega el olor de los frijoles fritos, mientras se toma un vaso de pinolillo con hielo que le encarama un día más, mañana, reunión de estudio a las dos de la tarde con algunos compañeros a pegar toda la información de wikipedia sobre sistemas económicos, tal vez asista.

A unos kilómetros algunos discuten de política y refríen que los jóvenes son el futuro, ¿a unos kilómetros? Décadas atrás dijeron lo mismo. La esperanza tomo la realidad y la comió sin eructarla, ¿o al revés?

El futuro no existe ¿cómo ser el futuro? Algunos esperan el tren fantasma de medianoche y son moscas viajando en un tren de rieles magnéticos en el vagón de la basura. La juventud no es el futuro, es la penosa responsabilidad de los que se olvidaron hace tiempo de su presente.

Estamos no obstante para cambiar el mundo: modificar ventanas a morterazo limpio, destruir recintos universitarios, sentarnos a criticar al oficialismo, a la oposición, al vecino y al maestro que PUTA no deja de dar clases ¿y por qué no? A escribir un artículo que dice que por favor no nos llamen profetas. La última cena, la pedimos mejor por teléfono.

jueves 6 de mayo de 2010

12 rounds contra uno mismo


Enrique Delgadillo Lacayo

¿Desde cuándo somos libres? ¿Para qué somos libres? Quizá estas preguntas, pertenecientes al fragor del pensamiento que padece insatisfacción crónica, carecen de valor en nombre de la rutina. Pensar es meterse al ringside a batirse a golpes con uno mismo; grandilocuencia del ego que no se perderá esta batalla en la que, por “azar” de la naturaleza, le harán tajos con precisión de artista las conclusiones del razonamiento.

Y si hemos anquilosado las caricias afelpadas de las circunstancias por huir del combate, vendrá diez veces el promotor de pelea, la vida, a sobarnos con maldad el rostro y sembrarnos adentro como flores temblorosas en invierno.

Quizá, es recomendable, encarar primero no precisamente nuestro ser, enemigo íntimo(para los que gustamos de Sabina) y eterno. Pues no es bueno nunca hacerse de enemigos, que no estén a la altura del conflicto (para los que gustamos de Fito), claro que uno nunca está a la altura del conflicto. Decía, primero encarar un lío cualquiera. Eliminan al Barcelona, mejor equipo del mundo y el mundo no se detiene, pero vos, envuelto en una apuesta de no sé cuánto y hacia dónde, a quien gritaste, a donde terminó todo, te limitas en una vulgar tragedia, pero por algo hay que empezar. Los problemas son El Problema. El que desconstruye una sociedad, como la corrupción, el analfabetismo, etcétera, tampoco son El Problema.

Dormir en la puerta de tu casa, sin un peso en la bolsa y las costillas quebradas adornando la sangre seca tatuada en tu boca, llegará muy pronto a ser parte de tu bitácora anecdótica de viernes por la noche y una cerveza tras otra y una carcajada tras un bostezo de un prevenido oyente de exagerados, aunque algún hijo de poeta podría agregar algunas heridas más a la historia.

¿Quién soy yo? Quiero decir, ¿Qué autoridad reviste mi opinión? Ninguna, ya es una arrogancia en el mejor de los casos, hacer un juicio cualquiera, sobre cualquiera. Aunque permisible sobre un buen amigo. Empero, Lo que a todos concierne, por todos debe ser decidido, acertada frase. Todos los nicaragüenses podemos decir que Arnoldo Alemán es un Ladrón, por muy peyorativo que esto parezca, porque todos depositamos dinero en la caja robada y por una sentencia que lo hace pasar por cosa juzgada y ahí no se enreda nadie, queda claro que si desbordan la frontera que dibuja mi ser ante el otro, entramos en una construcción donde somos protagonistas los involucrados.

Todos somos víctimas de la cobardía del ser o del ser cobarde, esa antítesis de buscarlo, es decir, escondernos, no saciar la duda impulsora del progreso, cuya esencia se ve tergiversada por un factor deplorable en tanto un progreso desigual. Peor cuando cobardes son los que dirigen los hilos del futuro, un puñado de niños jugando a esconderse de sus propias verdades. Quizá estos egos, sean el mejor ejemplo para entender que este miedo del ser, deviene en efecto dominó, tan prolongado como el poder que se maniobra. Nosotros no podemos resolver de raíz lo que a todos concierne, menos esas particularidades, islas donde sólo podemos verter opiniones.

No terminaría de acertar cual es El Problema, sin la menor duda que cada quien posee uno distinto. He aquí lo importante del asunto; en virtud de saber que nadie da lo que no tiene, es que debemos subir al ringside a fajarnos a la brava por razones válidas y particulares, que no incumban a todos, únicamente al ser eterno con el que vivimos todos los días. Considero esta, una mejor aportación a la construcción de una sociedad más justa, mejor que aplaudir los uppercut y jabs que nos lanza la cámara, haciéndonos una fotografía confortable de nuestro rostro maltratado, sin dientes y ensangretado por la resignación. Mejor que apretar los dientes mientras esbozamos tragedias y comedias de Mtv a la ruda vida consciente.

martes 27 de abril de 2010

CADA TIEMPO UNA CASA VACÍA


“Que vuestro amor a la vida sea realmente amor a vuestra más alta esperanza
y que vuestra esperanza más alta
sea la idea más alta que tengáis de la vida”

Nietzsche.

Un hombre se suicidó en Venezuela, fue un boxeador llamado Valera, estaba en prisión por asuntos que no concierne a lo que nos interesa saber. En la región de Turingia, Alemania, un inmigrante procedente de Turquía disparó contra dos policías, matando en el acto al más joven de los oficiales de apellido Gerbig.

La cuestión plantea para nosotros, los que quedamos con la vida en el precipicio del día a día, saber cuáles actos son correctos y cuáles no, qué determina o quién juzga nuestra elección, ¿Dios? ¿Un juzgado? ¿Nadie? O nosotros mismos. Llegados a esta orilla, se acercan filósofos que antes han dicho al respecto lo que a ellos les parece pertinente por su ascesis mental.

Nietzsche clama la muerte de Dios. Dios ha muerto y por consiguiente la humanidad ha quedado en un yermo campo, habitado por un único demonio y un único ángel; el ser humano. Más el humano no está solo, pues dentro de él habita la capacidad para llegar a ser Dios sin ser Dios, sino un superhombre. “El hombre es una cuerda tendida entre el animal y el superhombre, una cuerda tendida sobre un abismo. Un peligro cruzar al otro lado, un peligro echarse a temblar y un peligro detenerse” Sin alguien que señale lo bueno y lo malo, el hombre es libre de suicidarse o matar, aunque bien podría serlo sin eliminar a Dios. Albert Camus, en su libro “El hombre rebelde” plantea “Hay crímenes de pasión y crímenes de lógica.” Podemos, no siendo su única ubicación, clasificar el suicidio en un crimen de pasión –si acaso aceptamos el suicidio como un crimen- pero cabe plantearse el tema que cierne Camus sobre nuestra conciencia: si damos razones al asesino, si somos capaces de justificar científicamente un asesinato, lo mismo debería aplicar para el suicida, y a la inversa, lo contrario es absurdo. Entonces hemos manipulado la idea de nuestra conciencia como una marea que sube y baja al clamor de los tiempos.

De esto no resulta nada nuevo, pues parece ser que es la ética, al proyectar el cúmulo de comportamientos aceptados por una sociedad determinada, la diosa omnipresente en el campo filosófico a la manera de una constitución en el nuevo contrato social que se intenta renovar con rebeliones o reformas nacidas en la política del pueblo y muertas en el frío papel de la rúbrica presidencial.

Muerto o no muerto Dios, poco a poco el humano disocia la idea del absoluto y el proceso, lo que era inmutable hoy tornase en constante fluir de razones y dudas hasta desembocar en el eterno presente.

La expresión apropiada para ejemplificar este fenómeno son los derechos humanos, dados como el reflejo del crecimiento lógico emocional de la humanidad. A través de estos observamos la floresta triste, amarga, dulce o déspota del poder de los reinos, estados y culturas, sin detrimento del lejano idilio que significan para los que respiran bajo el agua puños de tierra.
Nietzsche propone superarnos a nosotros mismos, entender que somos responsables de nuestras actos, que no hay Dios a quien acudir por defecto, sino únicamente apelar a nuestra madurez intelectual y emocional, en suma; asumir con valor todos y cada uno de nuestros actos y sus consecuencias, las cuales buenas o malas, si son vistas como fruto de la libertad, deben ser axiomas donde erigir nuestra más alta esperanza, nuestra más alta idea.

Cada tiempo, o mejor dicho la altura de cada tiempo como dice Ortega y Gasset, son casas vacías por llenarse con la reinvención de nuestro comportamiento como animales en uso de razón. Ya el bien o el mal esquilado por sus habitantes llegan a sacar el inventario polvoso de nuestros ancestros. Un menaje de casa de la frontera de un tiempo a otro. Estamos en las manos de nosotros mismos, el hombre es la medida de todas las cosas. Nuestras prioridades y todo lo que de ellas resulta, será para dicha nuestra; la muerte del hombre que vuela con calzoncillo rojo y traje azul en la avenida pública de nuestra autodeterminación.

sábado 10 de abril de 2010

La contradicción en el vacío


Enrique Delgadillo Lacayo

A mis amigos de la UNAN-LEÓN


¿Cuánto leemos los nicaragüenses? Esta respuesta es sencillamente una generalidad poco acuciosa, como la mayoría de generalidades. No obstante, creo interesante, preguntarnos cuanto lee un grupo determinado de nicaragüenses. Delimitemos aún más este grupo e invitemos a quienes están llamados por el sistema y el sentido común a propiciarse con mayor frecuencia el rico hábito de la lectura: Los Estudiantes.
A inicios de este año, durante una clase de derecho municipal, el profesor comentaba que los estudiantes universitarios de Nicaragua leemos al año unos tres libros, lo cual me parece probable y a la vez optimista, ahora bien, no acometamos nuestra duda sobre cuáles son estos tres libros, aun cuando en el campo de la especulación yo no diría que la biblia no es uno de los tres libros.
Dando la espalda a las estadística, centremos el criterio en el tradicional concepto de estudiante por lo que los estudiantes leen mucho, de todo un poco, seguramente pueblan cada rincón de sus mentes como sus mochilas con libros que contienen anatemas, dádivas, teorías que creyeron ciertas por la mañana y falsas hasta el desprecio por la noche. Diremos al modo de un silogismo:

“Los estudiantes leen muchos libros
El CUNN y UNEN son organizaciones estudiantiles.
Por lo tanto: Los estudiantes del CUUN y UNEN leen muchos libros”

Simple como la lógica indica que sean dados los razonamientos elementales, cual es el caso sustancial del quehacer de un estudiante, así como el de un beisbolista o un vendedor de electrodomésticos en un almacén con un King Kong de aluminio en la puerta. Nos hemos referido al contenido de su quehacer.

Pero debemos advertir que las contradicciones yacen en la naturaleza del ser humano y son intrínsecas a la libertad y el razonamiento. Por ello, cuando un estudiante del CUUN, después de leer por varias noches –entre exámenes y cerveza- el tomo I de las OBRAS completas del filósofo Alejandro Serrano Caldera y decide no permitirle presentar el tomo II de esta brutal descarga de filosofía a los estudiantes de la UNAN-León, es más que natural, pues deviene del temperamento fustigado con las voces de Dilthey, Heidegger, Camus, en fin… ¿Qué podía decir el maestro Serrano Caldera al movimiento estudiantil, que atraviesa una contradicción vertebral de concepto y acción, o peor aún, de vida y muerte? Creo que bastante.
Mi opinión está servida, con esto, sólo comprendo el retroceso, discutir y concluir es la segunda parte. Sólo espero que la locura de los genios no termine en la quema de libros, porque en verdad, esta vanguardia no se comprende sino con una flecha que indica el cielo y un cuerpo lanzándose al precipicio.

lunes 5 de octubre de 2009

Consumismo legislativo



La declaración de Virginia (1776-EEUU), la declaración de los Derechos del Hombre y el ciudadano (1789-Francia). Sendos cuerpos legales carecen de la inclusión explícita de la mujer como protagonista de la sociedad. De haber incluido –los ilustrados- la igualdad de género, no habría inconveniente en unir los textos y hacerlos nuestra carta magna. Por estos días se escucha -como un grito “libertador”- reforma constitucional y con ello volver a desnudar el país para buscarle un traje apropiado a estos tiempos. Sin mucha vuelta tengo a la vista no sólo el objetivo reeleccionista (indefinidamente), sino el brutal retraso histórico en la mente de los gobernantes nicaragüenses, que no conciben un país sin sus entrañables partidos, porque en verdad, su trascender les vino por una bandera, no por el siglo de las luces, la academia o la inteligencia emocional.

La declaración de los Derechos del hombre y el ciudadano cumple 220 años este 2009 y continúa vigente, para muestra dos de los 17 botones: “Art.15: La sociedad tiene derecho a pedir cuentas de su gestión a todo agente público. Art.11: La libre comunicación de pensamientos y de opiniones es uno de los derechos más preciosos del hombre; en consecuencia, todo ciudadano puede hablar, escribir e imprimir libremente, a trueque de responder del abuso de esta libertad en los casos determinados por la ley.”Y pareciera que aún no usamos esa camisa, pero queremos otra. ¿Consumismo legislativo? Como la voz que según el escritor inglés Aldous Huxley en su novela “Un mundo feliz” nos repite a los humanos mientras dormimos: “tirarlos es mejor que remendarlos, tirarlos es mejor que remendarlos…” tiramos al basurero del olvido leyes sin usar, pero queremos más reformas (parcial y pronto total) y, no son remiendos, son rompimientos que caras consecuencias han costado. Historia magistra vitae.

Como siempre ocurre, la ley es el efecto del problema aún sin regular, el castigo de un niño travieso, pero el niño debería también a la inversa castigar a sus padres. ¡Qué! Así es, en tanto el padre sea un déspota. Aún en este país al revés debe perseguirse la proporcionalidad. Ahí cabría una reforma, un artículo que se me ocurre así: Art.1: En aras de preservar el Estado Social de Derecho, el pueblo nicaragüense podrá mediante votación adelantada, destituir a todo el gobierno de turno, moros y cristianos, y proponer personajes indubitablemente probos de la sociedad civil para asumir el gobierno hasta la realización de nuevas elecciones, donde se prohíbe la candidatura de por vida de los ineptos funcionarios antes destituidos.

Desde nuestra primera constitución en 1824 hasta nuestra actual carta magna 1987 (carta de adolecentes enamorados), nada ha cambiado y si algo ha cambiado es en detrimento no en progreso, porque aunque ya no se requiere un capital libre de dinero para votar o ser funcionario público, está demostrado que hoy más que nunca la gente es medida por su bolsillo no por su sola condición de ser humano.

Hoy las mujeres ya no pueden decidir por su vida, los pobres son el músculo de la política clientelista, el amor no se baja de los rótulos, nuestra costa Caribe sólo está en el Caribe y existe cuando hay elecciones, la gente se aferra cada día más a un Dios que no sé si está satisfecho o inconforme, porque a su pueblo no se le ha cumplido, pero él no aparece y cada día menos gente lo espera. Por tanto, ¿cuál es la lógica de una reforma si sólo pretende prolongar y no revolucionar? Reforma (Larousse): lo que se proyecta como innovación o mejora. Permítanme reír, aunque sea por idiosincrasia.

lunes 21 de septiembre de 2009

EL ÚLTIMO INTELECTUAL DE LEÓN HA MUERTO (COMO LOS QUE LEEMOS EN EL COLEGIO Y LA UNIVERSIDAD)

A la muerte de Don Edgardo Buitrago (el que más sabe de Darío, el que formó parte del equipo que descubrió León Viejo, el ex decano de la facultad de Derecho UNAN-LEÓN, y uuuh! Muchas cosas más) se origina en Nicaragua un desprenderse del buen hijo, de los especiales, esos hijos que se guardan intactos en los recuerdos preciados de la infancia y el orgullo. Para mi; que nada he leído de su obra –si de su padre, Nicolás Buitrago, otro grande en la huella cronológica de tal familia- pero cuyas hazañas intelectuales me encontraba en distintas cuadras de León; hazañas en adobe y manuscritos, otras, en voces televisivas, amigas y de mesas aledañas, su nombre siempre lo relacione con una enciclopedia vasta y antigua. La idea de visitarlo me rodeó el mismo número de veces que la postergué.

Llegué a León el lunes 14 de Septiembre, estuve aislado en la muchedumbre del bacanal managüense todo el fin de semana, a mi regreso, la noticia fue seca, no hubo más que sentarme de rebote contra el sofá, buscar la noticia en el periódico y pensar y buscar alguna lectura del ahora inmortal en la liga del mito y la academia.

Lo enterraron en Catedral (Junto a Rubén Darío, Salomón de la Selva, Alfonso Cortés, Miguel Larreynaga y otros de esos niveles de materia gris). Tan justificado, y yo sin haberlo leído. Había muerto el último intelectual de la generación leonesa que incluía a Mariano Fiallos Gil dijo Carlos Tunermann. Un intelectual orgánico dijo… y más allá de lo que digan, el hombre que murió corporalmente -entiendo por las cuadras exageradas que transito en mi ciudad- ya era historia antes de morir, ahora sólo corona la primera etapa de su hazaña, y yo aún sin haberlo leído.

Por internet, husmeando en la farándula, encontré por lo menos, una centena de reconocimientos que recibió en vida, más los que vienen. Por favor, no se altere por esta queja íntima que publico, escueta por cualquier hoyo que se le mire, pero sólo me pregunto a esta fecha, ¿Por qué no lo he leído?, ¿Por qué no están las importantes obras nicaragüenses señaladas en los llamativos rótulos rosados? No, no, no, no se mal entienda, o si lo prefiere adelante, pero deténgase un momento e imagine: “CUMPLIMOS 30…EDGARDO BUITRAGO LEÓN DE NICARAGUA: 1924-2009, DESCANSE EN PAZ”

domingo 26 de julio de 2009

Creando la batalla


Creando la batalla

Dos estilos se baten a muerte en tú cabeza: la lluvia recia y golosa en un intento más por arrancarle el color a la tierra y, en la otra esquina Mozart con un allegro, pero sin joyas ni candelabros de cristal inmiscuidos adrede en una reconfortable sala imperial de alguna capital europea. Insistes en darle duro a esa cosa, recuerdas a buckovsky y olvidas al animal que está por nacer, te marchas apresurado por un cigarro que sabes que no existe.

Subes el volumen con la certeza de que la lluvia crece y las goteras son una posibilidad, un apagón es una posibilidad, una mujer intensa mal atendida y muy espontánea es otra posibilidad, pero hasta ahora sólo escuchas como se apaga Mozart bajo un sedoso violín que te empuja a subir más el volumen. Has hecho un alto como un prófugo huyendo en la dirección equivocada. Te levantas para estirarte y cierras la ventana, estas cansado de un somero análisis existencial, trillado, sin importancia. Hojeas las revistas de ciencia, economía y literatas noveles amontonadas como juguetes mutilados de la infancia. Ya no piensas en poses y te felicitas porque prefieres copiar el ejemplo del ejemplo. La luz se va y Mozart cae derrotado por un trueno de Zeus, el castigo de los ángeles, o la energía génesis de la luz eléctrica.

Has quedado petrificado bajo el flash de los truenos, fotografías azules, no esperas que otra imagen humana aparezca, salvo una espontánea vecina triturada porque mientras lustraba el piso con brillantina de olor a lavanda, la luz se marchó y algo necesita, algo que sólo tu escondes. La tienes dentro, parecieras alumbrado por Le nozze di Figaro, muy Hollywood, prefieres algo más real, quizás descubrir que ahora estás sólo y no hay misterio ni fantasma con interés en este mundo, es mediocre esa idea, doblas la hoja, respiras porque a la postre sabes que terminarás hiendo tú a buscar muy adentro de tu vecina lo que sólo ella guarda, claro que sin Amadeus.

Regresas inconsciente de lo que has hecho, la has matado animal, ella se estiraba en el piso como una omnisciente diosa que todo lo puede, también quería un cigarro, talvez no de los que tú fumas. Eso fue, ahora lo sabes, tanto alcohol tanto fumar, tanto de todo y ves; muerte soquete, muerta.

Pero eres feliz, tú también estás muerto y tarareas un vals porque cambias de estilo, de pose, de ejemplo. La habitación tiene picaportes en el techo ¿por ahí saldrás esta noche? Recuerda que está muerta y tú también, ella vendrá contigo.

Es preciso recordar que por aquellos días, antes de que todo ocurriera, era verano y el calor llevaba tu carácter más apresurado que de costumbre, ibas en el bus escuchando a los payasos que cuentan chistes de niño reprimido o un vago mal incorporado al mundo. ¿Reconoces la escena? Todo lo dijiste esa tarde, pero no contabas con la batalla, que tenías que darle duro a esa cosa hasta que todo fue posible y cruzaste el umbral sombrío de tu razón. Te vas, siempre lo haces, pero esta ves iras en un carro fúnebre, no podrás detenerte, porque al final todos están felices, ¿entiendes? Felices, eso han dicho, que de ahora en adelante todo será tu responsabilidad, sin importar lo que pase, todo es tu culpa.

Muy bien, al parecer a nacido un pequeño animal fracturado por la insuficiencia alimenticia, pero es tu hijo, tu vástago, sólo por darle duro a esa cosa, a esa máquina que a pesar de todo a sobrevivido a la batalla, igual que tú, que la lluvia y Mozart.