sábado 10 de abril de 2010

La contradicción en el vacío


Enrique Delgadillo Lacayo

A mis amigos de la UNAN-LEÓN


¿Cuánto leemos los nicaragüenses? Esta respuesta es sencillamente una generalidad poco acuciosa, como la mayoría de generalidades. No obstante, creo interesante, preguntarnos cuanto lee un grupo determinado de nicaragüenses. Delimitemos aún más este grupo e invitemos a quienes están llamados por el sistema y el sentido común a propiciarse con mayor frecuencia el rico hábito de la lectura: Los Estudiantes.
A inicios de este año, durante una clase de derecho municipal, el profesor comentaba que los estudiantes universitarios de Nicaragua leemos al año unos tres libros, lo cual me parece probable y a la vez optimista, ahora bien, no acometamos nuestra duda sobre cuáles son estos tres libros, aun cuando en el campo de la especulación yo no diría que la biblia no es uno de los tres libros.
Dando la espalda a las estadística, centremos el criterio en el tradicional concepto de estudiante por lo que los estudiantes leen mucho, de todo un poco, seguramente pueblan cada rincón de sus mentes como sus mochilas con libros que contienen anatemas, dádivas, teorías que creyeron ciertas por la mañana y falsas hasta el desprecio por la noche. Diremos al modo de un silogismo:

“Los estudiantes leen muchos libros
El CUNN y UNEN son organizaciones estudiantiles.
Por lo tanto: Los estudiantes del CUUN y UNEN leen muchos libros”

Simple como la lógica indica que sean dados los razonamientos elementales, cual es el caso sustancial del quehacer de un estudiante, así como el de un beisbolista o un vendedor de electrodomésticos en un almacén con un King Kong de aluminio en la puerta. Nos hemos referido al contenido de su quehacer.

Pero debemos advertir que las contradicciones yacen en la naturaleza del ser humano y son intrínsecas a la libertad y el razonamiento. Por ello, cuando un estudiante del CUUN, después de leer por varias noches –entre exámenes y cerveza- el tomo I de las OBRAS completas del filósofo Alejandro Serrano Caldera y decide no permitirle presentar el tomo II de esta brutal descarga de filosofía a los estudiantes de la UNAN-León, es más que natural, pues deviene del temperamento fustigado con las voces de Dilthey, Heidegger, Camus, en fin… ¿Qué podía decir el maestro Serrano Caldera al movimiento estudiantil, que atraviesa una contradicción vertebral de concepto y acción, o peor aún, de vida y muerte? Creo que bastante.
Mi opinión está servida, con esto, sólo comprendo el retroceso, discutir y concluir es la segunda parte. Sólo espero que la locura de los genios no termine en la quema de libros, porque en verdad, esta vanguardia no se comprende sino con una flecha que indica el cielo y un cuerpo lanzándose al precipicio.

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