
“Que vuestro amor a la vida sea realmente amor a vuestra más alta esperanza
y que vuestra esperanza más alta
sea la idea más alta que tengáis de la vida”
Nietzsche.
Un hombre se suicidó en Venezuela, fue un boxeador llamado Valera, estaba en prisión por asuntos que no concierne a lo que nos interesa saber. En la región de Turingia, Alemania, un inmigrante procedente de Turquía disparó contra dos policías, matando en el acto al más joven de los oficiales de apellido Gerbig.
La cuestión plantea para nosotros, los que quedamos con la vida en el precipicio del día a día, saber cuáles actos son correctos y cuáles no, qué determina o quién juzga nuestra elección, ¿Dios? ¿Un juzgado? ¿Nadie? O nosotros mismos. Llegados a esta orilla, se acercan filósofos que antes han dicho al respecto lo que a ellos les parece pertinente por su ascesis mental.
Nietzsche clama la muerte de Dios. Dios ha muerto y por consiguiente la humanidad ha quedado en un yermo campo, habitado por un único demonio y un único ángel; el ser humano. Más el humano no está solo, pues dentro de él habita la capacidad para llegar a ser Dios sin ser Dios, sino un superhombre. “El hombre es una cuerda tendida entre el animal y el superhombre, una cuerda tendida sobre un abismo. Un peligro cruzar al otro lado, un peligro echarse a temblar y un peligro detenerse” Sin alguien que señale lo bueno y lo malo, el hombre es libre de suicidarse o matar, aunque bien podría serlo sin eliminar a Dios. Albert Camus, en su libro “El hombre rebelde” plantea “Hay crímenes de pasión y crímenes de lógica.” Podemos, no siendo su única ubicación, clasificar el suicidio en un crimen de pasión –si acaso aceptamos el suicidio como un crimen- pero cabe plantearse el tema que cierne Camus sobre nuestra conciencia: si damos razones al asesino, si somos capaces de justificar científicamente un asesinato, lo mismo debería aplicar para el suicida, y a la inversa, lo contrario es absurdo. Entonces hemos manipulado la idea de nuestra conciencia como una marea que sube y baja al clamor de los tiempos.
De esto no resulta nada nuevo, pues parece ser que es la ética, al proyectar el cúmulo de comportamientos aceptados por una sociedad determinada, la diosa omnipresente en el campo filosófico a la manera de una constitución en el nuevo contrato social que se intenta renovar con rebeliones o reformas nacidas en la política del pueblo y muertas en el frío papel de la rúbrica presidencial.
Muerto o no muerto Dios, poco a poco el humano disocia la idea del absoluto y el proceso, lo que era inmutable hoy tornase en constante fluir de razones y dudas hasta desembocar en el eterno presente.
La expresión apropiada para ejemplificar este fenómeno son los derechos humanos, dados como el reflejo del crecimiento lógico emocional de la humanidad. A través de estos observamos la floresta triste, amarga, dulce o déspota del poder de los reinos, estados y culturas, sin detrimento del lejano idilio que significan para los que respiran bajo el agua puños de tierra.
Nietzsche propone superarnos a nosotros mismos, entender que somos responsables de nuestras actos, que no hay Dios a quien acudir por defecto, sino únicamente apelar a nuestra madurez intelectual y emocional, en suma; asumir con valor todos y cada uno de nuestros actos y sus consecuencias, las cuales buenas o malas, si son vistas como fruto de la libertad, deben ser axiomas donde erigir nuestra más alta esperanza, nuestra más alta idea.
Cada tiempo, o mejor dicho la altura de cada tiempo como dice Ortega y Gasset, son casas vacías por llenarse con la reinvención de nuestro comportamiento como animales en uso de razón. Ya el bien o el mal esquilado por sus habitantes llegan a sacar el inventario polvoso de nuestros ancestros. Un menaje de casa de la frontera de un tiempo a otro. Estamos en las manos de nosotros mismos, el hombre es la medida de todas las cosas. Nuestras prioridades y todo lo que de ellas resulta, será para dicha nuestra; la muerte del hombre que vuela con calzoncillo rojo y traje azul en la avenida pública de nuestra autodeterminación.
1 comentarios:
Mmm... sos pesadito Enrique!!! voy a tener que leerme Nietzsche. He procrastinado esa tarea, pero saliendo de mis prioridades este filósofo será mi proximo proyecto de analisis...
Saludos, voy a estar pendiente de tu blog
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