domingo 14 de diciembre de 2008

Los Juzgados de Tropikong


Enrique Delgadillo Lacayo


El despertador queda burlado por un manotazo certero que lo expulsa del buró, pero en realidad soy yo quien debería salir expulsado rápidamente de la cama y dirigirme al bufete jurídico de la UCA, que flexiblemente nos envía a mí y a los demás pasantes de Derecho a los juzgados de Nejapa a las ocho y media de la mañana. Doy algunos sorbos al café que hierve aún dentro de mi boca y continúo el despegue. La ciudad se muestra homicida por la mañana, los peatones y conductores se ignoran jugando a confundir sus atrasos bajo este mes de diciembre con su frente “frío”. La platica de política es un sube y baja, depende mucho de lo titulares –como la mayoría de las cosas- de los periódicos que luchan constantemente con la imaginación de los Nicas. Los Juzgados de Nejapa, son conocidos entre la jerga de los abogados locales como “el Vietnam” por muchas razones, puede pensarse: por los conflictos judiciales y los relacionarán con la guerra sesentera provocada por el gobierno de EE.UU. en un intento más de salvar el mundo, pero no. Los juzgados de Nejapa son un mundo alborotado y hostil, donde cada metro es un páramo de caos y ruido, risas en aumento hasta carcajadas con migas de comida saliendo de las lenguas parlantes. El bus del bufete nos deja exactamente en una de las entradas, pues existen dos, ambas de difícil entendimiento y ubicación. Para hacer más fácil el tema de la entrada, aconsejo dirigirse bajo el gran letrero de la tienda de electrodomésticos Almacenes Tropigas, la del inmenso mono llamado TROPIKONG –muy original ¿no?- y ahí empieza la diáspora, sálvese quien pueda, entre música de reggaeton a un volumen estruendoso se penetra al templo de la justicia, se atraviesa el túnel impregnado de policías, vendedores de pollo empanizado, libros jurídicos, venta de gaseosas y carne en baho, reos y acusados que se mezclan como el pasado y el futuro, los policías lucen tan…tan….como siempre lucen los policías. Y los abogados, ¡ay! Los abogados, señores con la trinchera del enemigo en sus manos, al menos eso creen y así lo hacen saber, todos de mangas largas como uniforme, maletines cargados de pergaminos, quiero decir, escrituras y documentos de “legítima reputación”. A nosotros los pasantes y a los viejos comensales del juzgado ya nos ganó la costumbre, pero al recién llegado, le costará relacionar los juzgados de las películas hollywoodenses con esta circunferencia de locura y legalidad.


Pero aún no he llegado a la meca, al centro de todo, pues hay que caminar su buen trecho para ingresar a las salas de trámite, donde se pide información, se interponen escritos y se revisan expedientes, es donde llego diariamente a revisar los casos que tengo asignado. En cada sala hay aire acondicionado y baldosa de cerámica, en la esquina del común ambiente retumba el televisor con servicio de cable, siempre he pensado que debería proyectarse algo acorde al lugar, un pensamiento más simple no puede existir, pero como siempre ocurre, cuesta ser simple, en lugar de algún documental instructivo sobre el proceso judicial o que se yo, prefieren sonar música de los Tigres del Norte, Michael Jackson, Música Disco, entre otras que seguramente no he tenido la oportunidad de escuchar. Termino mis diligencias y parto con el sabor de estar en un lugar de fotografía y arte, un lugar donde hay jueces, abogados, y dos partes en conflicto, pero no siento que este en un juzgado, tampoco espero un palacio de Buckingham por juzgado, pero no creo que sea mucho darle un poco de sosiego y solemnidad a un lugar que ultimadamente los políticos han convertido en una casa de empeño. Regreso en el microbus del bufete confirmando que la realidad supera a la ficción con creces, en este caso es por la insólita manía de los funcionarios públicos de manejar con los pies, los ojos vendados y la cabeza revuelta como trago de cantina las Instituciones Públicas.


1 comentarios:

Lisbeth Ruiz Amador dijo...

hola! kike, este articulo esta muy acorde a la realidad que vivimos, aun no he pasado por la experiencia de estar ahi, pero me imagino lo dificil que fue que hasta lo escribistes.

la redaccion y decripcion de los hechos esta tan bien centrada que en ningun momento se pierde el deseo de seguir leyendo, y no te lo digo porque seas mi amigo, es la verdad.

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